¿Un susto, tomar agua o aguantar la respiración? Qué hacer cuando tiene hipo

El hipo es esa rara ocasión en que un adulto en su sano juicio acepta beber agua por el borde opuesto del vaso, doblado por la cintura, mientras alguien de la casa espera escondido detrás de la puerta para saltar en el momento justo y pegar un grito. Todo esto se hace a la vez, por si acaso. Al minuto el episodio termina y ya es imposible saber qué funcionó: el agua, la postura, el grito o si el hipo simplemente se pasó solo.

Es curioso que estos métodos se contradigan entre sí: uno exige respirar con calma; otro, no respirar en absoluto; el tercero, una descarga de adrenalina. Y, aun así, todo el mundo conoce a alguien a quien «siempre le funciona» su variante. Veamos por qué formas tan distintas de quitar el hipo a veces dan el mismo resultado, cuáles son seguras y en qué momento el hipo deja de ser una simple anécdota doméstica.

Hombre con un vaso de agua cubriéndose la boca durante un episodio de hipo

Un episodio de hipo suele aparecer de forma inesperada en plena comida.

De dónde sale ese corto «hip»

Lo primero que notamos es el sonido, aunque todo empieza en el diafragma: un gran músculo en forma de cúpula situado entre la cavidad torácica y la abdominal. Es el que hace el trabajo principal al inhalar.

Cuando tenemos hipo, el diafragma (por lo general junto con los músculos intercostales) se contrae de forma brusca e involuntaria: la persona hace una inhalación corta y repentina. Pero el aire no alcanza a llegar a los pulmones: casi al instante se cierra la glotis. El flujo de aire choca contra la glotis cerrada y las cuerdas vocales se sacuden. Así aparece ese corto «hip».

Qué está funcionando por dentro en ese momento

El hipo es un reflejo, y todo reflejo tiene un arco. En la parte sensitiva participan el nervio vago (el mismo que llega hasta la faringe, el esófago, el estómago y el tórax), el nervio frénico y las fibras simpáticas de la región torácica. La señal viaja hacia el tronco encefálico y los segmentos cervicales superiores de la médula espinal. Desde allí, a través del nervio frénico, la orden regresa al diafragma, mientras otras ramas ordenan cerrar la laringe.

No hace falta memorizar los nombres. Lo importante es la lógica: el hipo recorre un largo circuito que va del estómago y la faringe hasta el cerebro y de vuelta, y la irritación en casi cualquier punto de ese recorrido puede activar el ciclo. Por eso mismo el hipo empieza tanto por comer de más como por tomar refresco con gas o por un cambio brusco de temperatura en la boca.

Todavía no se ha encontrado un «centro del hipo» exacto, y la función de este reflejo en los adultos sigue sin estar clara. Por eso tampoco existe un truco infalible para quitarlo.

Por qué no se puede simplemente decidir parar

Uno puede toser a propósito; respirar más hondo, también. Con el hipo ese truco no funciona: este reflejo no obedece al control consciente, así que ordenarse a uno mismo dejar de hipar no sirve de nada. De ahí viene tanto ingenio popular: como no se puede apagar el reflejo directamente, la gente lleva siglos intentando influir en él a través de otra cosa: la respiración, la deglución y la estimulación de la faringe. Por extraño que parezca, no es una estrategia tan descabellada.

Por qué da hipo y por qué justo ahora

La mayoría de las veces todo empieza con un estómago distendido. Está ubicado justo debajo del diafragma y, cuando aumenta de volumen de golpe, puede irritarlo. El resto de la lista resulta familiar: comer rápido, comer en exceso, tragar bocados grandes sin masticar bien, bebidas con gas, alcohol, tragar aire, un contraste brusco entre alimentos calientes y fríos, o reírse en la mesa.

Cómo la propia mesa reúne los desencadenantes

Escena típica: alguien toma a toda prisa una sopa caliente, se quema, la baja con un refresco helado y, mientras tanto, responde una pregunta con la boca llena y se ríe. En medio minuto coinciden aquí casi todos los desencadenantes: cambio brusco de temperatura, distensión del estómago, aire de más y un ritmo de deglución alterado. Después de algo así, el hipo no sorprende a nadie. Lo mismo pasa por beber con popote (pajilla o sorbete), mascar chicle o comer de prisa.

Con todo, un episodio breve suele terminar antes de que usted descubra al culpable, y eso es normal. El hipo también aparece porque sí: por nervios, por cansancio, sin cena de por medio. Un episodio corto y aislado, por sí solo, no significa nada.

Hombre comiendo sopa caliente y riéndose en la mesa

Comer rápido, reírse en la mesa y combinar platos calientes con bebidas frías son desencadenantes frecuentes del hipo.

Cómo quitar el hipo: por qué el agua, aguantar la respiración y un susto a veces funcionan

Los remedios caseros no curan el hipo. Lo que hacen es cambiar el ritmo de la respiración y de la deglución o estimular los nervios que participan en el reflejo.

Hay dos explicaciones plausibles. El frío y el acto de tragar intensifican las señales a través del nervio vago, mientras que una pausa en la respiración eleva ligeramente el nivel de dióxido de carbono. Conviene aclarar desde ya: son explicaciones, no pruebas definitivas. Casi no existen estudios rigurosos, así que no hay un método universal. A partir de aquí importa más la seguridad de cada maniobra que la promesa de un resultado.

Un vaso de agua

Es la opción más sensata, pero con una condición: beber despacio, a sorbos pequeños. Mientras la persona traga, la respiración se interrumpe y su ritmo cambia. El agua fresca, además, estimula los nervios de la faringe. Todo lo que convierta el acto de beber en un número de circo conviene descartarlo: tomar agua doblado hacia adelante, por el borde opuesto del vaso o cabeza abajo no es más eficaz y, en cambio, sí bastante más peligroso, porque así es más fácil atragantarse.

Aguantar la respiración

El mecanismo se entiende: la pausa altera el ritmo respiratorio y sube un poco el nivel de dióxido de carbono. Pero esto no es una competencia. La referencia son diez o quince segundos de pausa tranquila después de una inhalación normal, sin forzar y sin buscar récords. Si aparece mareo, zumbido en los oídos o cualquier molestia, hay que detener el intento de inmediato y respirar con calma: desmayarse es más peligroso que el propio hipo.

Un susto

Un estímulo emocional repentino sí puede cortar el ritmo respiratorio. Pero no vale la pena considerar el susto como un método: el efecto es impredecible y no se puede repetir a pedido. Quien ya espera el grito no se asusta.

También hay un lado práctico. El ayudante que salta detrás de la puerta crea más problemas que el propio hipo, sobre todo si la otra persona tiene un cuchillo en la mano, un sartén caliente o está subida a una escalera. Y un punto aparte: a las personas mayores, a los niños y a quienes tienen problemas cardíacos no hay que asustarlos nunca.

Azúcar, limón, gárgaras y demás folclore

Una cucharadita de azúcar, un gajo de limón, hacer gárgaras con agua fría o chupar hielo: todo eso estimula la faringe y la parte posterior de la boca, es decir, funciona bajo la misma lógica. La evidencia es débil, pero en cantidades razonables estas prácticas son inofensivas. Las variantes peligrosas conviene descartarlas de entrada. Con una porción grande de azúcar seca es fácil atragantarse, no hay que ponerse una bolsa en la cabeza, y presionar los ojos, masajear el cuello o provocarse el vómito es peligroso.

Qué hacer ante un ataque de hipo ahora mismo

Para un hipo común y pasajero en una persona adulta:

  1. Deténgase. Deje de comer, beber y hablar. Siéntese, afloje el cinturón y el cuello de la ropa, e inhale y exhale de forma suave y regular varias veces. No intente tomar la mayor cantidad de aire posible.
  2. Pruebe un solo recurso. Beba despacio un poco de agua fresca o aguante la respiración un momento sin tensarse. Un método, no cinco seguidos: combinarlos no acelera el resultado y, en cambio, aumenta el riesgo de atragantarse o terminar mareado.
  3. Retire el posible desencadenante. No siga tomando refresco con gas ni alcohol, deje a un lado los bocados grandes y dele una pausa al estómago.
  4. Observe cómo evoluciona. Un episodio corto suele pasarse solo en pocos minutos. Lo que importa no es qué tan fuerte suena el «hip», sino cuánto dura, con qué frecuencia vuelve y si hay otros síntomas.
Hombre sentado con calma a la mesa después de comer mientras recupera el ritmo de la respiración

Para detener el hipo, conviene hacer una pausa en la comida, relajarse y respirar con calma.

Qué no conviene hacer bajo ningún concepto

No contenga la respiración ni aguante hasta el límite. No presione el cuello ni los ojos, no asuste a nadie que esté frente a la estufa, en una escalera o con un cuchillo en la mano. No trague alimentos secos en grandes cantidades, no beba en posturas en las que sea fácil ahogarse y no se ponga una bolsa en la cabeza. En niños pequeños, este tipo de maniobras están directamente prohibidas.

Y recuerde: un remedio casero deja de ser inofensivo en el preciso instante en que requiere una escalera de mano, una bolsa o un asistente listo para pegar un grito de repente. Si el método parece una acrobacia, es una acrobacia.

Qué hacer si el hipo no se quita

Un episodio normal dura desde unos segundos hasta unos pocos minutos y desaparece solo. El hipo que se prolonga por más de 48 horas se denomina persistente. Si se extiende durante más de un mes, ya se considera hipo intratable. Son cuadros poco frecuentes, pero tanto el hipo persistente como el intratable pueden ser señal de otro problema y requieren evaluación médica.

A qué prestar atención

Se considera motivo de consulta médica un episodio que dure más de dos días, así como el hipo que regresa constantemente e impide dormir, comer o beber. La pérdida de peso y un cansancio marcado también exigen atención: un hipo prolongado puede resultar muy agotador.

Cuándo no hay que esperar

Hace falta atención médica urgente si junto con el hipo aparecen dificultad para respirar, dolor en el pecho o en el abdomen, vómitos, confusión, debilidad repentina, dificultad para hablar o un dolor de cabeza intenso, así como si el episodio empezó después de un golpe en la cabeza. En una situación así, los remedios caseros están de más. Ahora bien, nadie hace un diagnóstico solo por el hipo: es un síntoma demasiado inespecífico como para señalar una causa concreta.

Por qué el hipo prolongado no se trata con un vaso de agua

El hipo persistente puede estar relacionado con ciertos medicamentos, con el reflujo y otros problemas digestivos, con afecciones en el tórax, con enfermedades del sistema nervioso o con trastornos metabólicos. La lista es deliberadamente amplia: ante un hipo persistente se busca la causa, no otro truco casero más. Por eso el médico pregunta por medicamentos, cirugías previas y otros síntomas.

El hipo en los niños: menos experimentos, más calma

En los bebés el hipo es frecuente y, por lo general, no significa nada malo. Casi siempre está relacionado con la alimentación: el bebé comió rápido o demasiado, tragó aire, el estómago se llenó y molestó al diafragma. Esto suele inquietar mucho más a los adultos que al propio bebé.

Qué puede hacer el adulto

Basta con hacer una pausa en la toma, sostener al bebé en posición vertical, ayudarlo a eructar el aire y calmarse. Si pasados unos minutos el hipo no cede, se puede retomar la alimentación un momento: a veces eso ayuda a detenerlo. A los niños más grandes les sirve comer a un ritmo más lento y en bocados pequeños.

Lo que no se debe hacer: asustar al niño, obligarlo a aguantar la respiración, jalarle la lengua, ponerlo cabeza abajo, darle agua a un lactante sin indicación del pediatra ni ofrecerle alimentos con los que sea fácil atragantarse. Aquí los «remedios caseros» de los adultos no solo son inútiles: son inseguros.

Cuándo llamar al pediatra

Conviene comunicarse con el médico si el hipo no desaparece en uno o dos días o si interfiere con la alimentación y el sueño. También son motivo de consulta otros síntomas: molestia evidente, regurgitaciones abundantes, vómitos, arqueo de la espalda o decaimiento. Si hay dificultad para respirar o un cambio en el color de la piel, la atención debe ser inmediata. Si los padres están intranquilos, lo mejor es llamar al pediatra y describirle los síntomas.

Madre sosteniendo a su bebé en posición vertical sobre el hombro después de alimentarlo

Cuando un bebé tiene hipo, basta con sostenerlo en posición vertical para ayudarlo a expulsar el aire.

Cómo lograr que el hipo aparezca con menos frecuencia

Aquí la prevención pasa sobre todo por los hábitos en la mesa: es simple, pero funciona bastante bien. Comer más despacio y en bocados más pequeños, masticar con cuidado, no hablar con la boca llena, no bajar algo muy caliente con una bebida helada enseguida y moderarse con los refrescos con gas y el alcohol. Y no terminar el plato a la fuerza cuando uno ya no puede más: el estómago demasiado lleno es el desencadenante cotidiano más común.

Piense en los últimos dos o tres episodios: ¿empezaron después de un almuerzo de prisa, una copa de vino espumoso, una carcajada en la mesa o una tercera porción? Muchas veces la causa se repite. En ese caso basta con cambiar un solo hábito. Tampoco hace falta llevar un diario de registro: el hipo no merece tanta dedicación.

No hace falta vencer al hipo a cualquier precio

Volvamos a la pregunta del título. Asustarse no hace falta: es una lotería con riesgos. Tomar agua sí se puede, pero con calma y a sorbos pequeños. Dejar de respirar es válido solo por muy poco tiempo y sin forzarse. La mayoría de los episodios breves se pasan solos, y cualquier método que «haya funcionado» pudo simplemente coincidir con el momento en que el hipo iba a terminar.

Mucho más útil es otra cosa: entender qué pasa con el diafragma y la glotis, elegir un recurso seguro en lugar de uno aparatoso y conocer los límites a partir de los cuales el hipo deja de ser una pequeñez cotidiana. Dos días seguidos, episodios que se repiten o la imposibilidad de comer, beber y dormir con normalidad ya no son motivo para otro experimento casero, sino para hablar con un médico.

Todo lo demás se puede dejar pasar con calma. Por lo general, ese es justamente el método más eficaz.