¡Hola, amantes de los sabores caseros! Hoy vamos a preparar una conserva que captura la esencia del otoño en un frasco: una increíble mermelada de membrillo con mandarinas. En muchos países de Europa del Este, preparar 'varenye' (un tipo de conserva de frutas similar a la mermelada pero con trozos de fruta enteros o grandes) es una tradición entrañable para recibir el invierno. Esta receta combina la fragancia floral y la textura firme del membrillo con el toque cítrico y vibrante de las mandarinas. Es una sinfonía de sabores que te sorprenderá y se convertirá en un básico de tu despensa. ¡Manos a la obra!
Ingredientes para la mermelada de membrillo con mandarinas
- 500 g de membrillo
- 500 g de mandarinas
- 200 g de azúcar granulada
- 150 ml de agua
Método de preparación de la mermelada de membrillo con mandarinas
Lavamos bien el membrillo, quitando la pelusa de la piel. Cortamos las frutas en cuatro partes y les quitamos las semillas. Por cierto, las semillas de membrillo se pueden secar; una decocción de ellas tiene un efecto calmante. La pulpa del membrillo no es jugosa, pero sí muy aromática. Su sabor es astringente, dulzón y a veces áspero. Del membrillo se hace el dulce de membrillo; curiosamente, la palabra “mermelada” proviene del nombre portugués del membrillo: “marmelo”.
Cortamos el membrillo pelado en trozos pequeños, de 2-3 milímetros de grosor. Si los cortas más gruesos, el tiempo de cocción aumentará.
Lavamos bien las mandarinas y las ponemos en agua hirviendo por un par de minutos, luego las enjuagamos bien de nuevo. Cortamos cada mandarina en 4 partes y separamos la cáscara. Con un cuchillo, raspamos la parte blanca de la cáscara, dejando solo la piel naranja fina. Cortamos la cáscara limpia en tiras finas. Limpiamos los gajos de mandarina de las fibras blancas y los separamos.
Ponemos la cáscara y los gajos de mandarina en una olla de fondo grueso y añadimos el agua.
Añadimos el membrillo troceado y mezclamos.
Tapamos la olla y la llevamos a ebullición. Cocinamos a fuego bajo durante 30 minutos, hasta que la cáscara y los trozos de membrillo estén blandos. Puede que necesites un poco más de tiempo, dependiendo de la variedad del membrillo.

Dejamos la fruta con el azúcar un par de minutos para que el azúcar se disuelva y se convierta en almíbar.

Volvemos a poner la olla al fuego, llevamos la mermelada a ebullición y cocinamos a fuego lento durante otros 20-30 minutos.
Cuando la fruta y la cáscara estén blandas, añadimos el azúcar granulada. Puedes añadir más o menos azúcar, prepárala a tu gusto.
Dejamos la fruta con el azúcar un par de minutos para que el azúcar se disuelva y se convierta en almíbar.
Volvemos a poner la olla al fuego, llevamos la mermelada a ebullición y cocinamos a fuego lento durante otros 20-30 minutos, hasta que espese y los trozos de membrillo y cáscara de mandarina se vuelvan transparentes. Aunque la cocción prolongada reduce algunas vitaminas, esta mermelada conserva muchos minerales y, sobre todo, un sabor increíble que es su principal propósito.

Pasamos la mermelada de membrillo con mandarinas ya fría a frascos secos y esterilizados, y los cerramos con papel o tapas secas.
Pasamos la mermelada de membrillo con mandarinas ya fría a frascos secos y esterilizados, y los cerramos con papel o tapas secas. La guardamos a temperatura ambiente. Si cierras los frascos solo con papel encerado o papel de horno y los atas con una cuerda, con el tiempo la mermelada se parecerá a la fruta confitada.
¡Y listo! Ya tienes una deliciosa mermelada casera que alegrará tus desayunos y meriendas. Sírvela sobre una tostada con mantequilla, acompáñala con un buen queso curado, mézclala con yogur natural o úsala como relleno para tartas y pasteles. Guardada en frascos esterilizados, se conservará perfectamente durante meses, aunque dudamos que dure tanto. Esperamos que disfrutes de esta receta tanto como nosotros. ¡No olvides compartir tu creación y contarnos qué te ha parecido!








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