¿Alguna vez has pensado en hacer tu propia mostaza? ¡Es mucho más fácil de lo que imaginas y el resultado es espectacular! Olvídate de las versiones comerciales y anímate a preparar esta mostaza casera con un toque especial: dátiles. La dulzura natural de los dátiles equilibra a la perfección el sabor picante de la mostaza, creando un condimento único, agridulce y lleno de matices. Es perfecta para darle vida a tus sándwiches, aderezos o para marinar carnes. ¡Una vez que la pruebes, no querrás volver a comprarla!
Ingredientes para la mostaza casera con dátiles
- 100 g de mostaza en polvo
- 40 g de dátiles
- 35 ml de aceite de oliva extra virgen
- 15 ml de vinagre de manzana o de vino blanco
- 150-180 ml de agua caliente
- 1 cucharadita de sal marina
Modo de preparación de la mostaza casera con dátiles
Cualquier condimento, ya sea un aderezo para ensalada, mostaza, mayonesa o rábano picante, quedará delicioso si se logra el equilibrio correcto entre dulce, ácido y salado. Una combinación armoniosa de sabores realzará el ingrediente principal, que en esta receta es la mostaza. Con la sal y el vinagre todo está claro, y en lugar de azúcar, usaremos dátiles. Les quitamos el hueso, los lavamos bien, los enjuagamos con agua hirviendo y los picamos finamente.
A los dátiles picados les añadimos sal marina. También se puede usar sal común, pero ¿por qué no aprovechar la oportunidad de añadir un toque más saludable a este condimento tradicional?
Vertemos aceite de oliva extra virgen. La cantidad de aceite es a tu gusto, de 2 a 4 cucharadas. No hay que escatimar en el aceite, pero vale la pena tener en cuenta las calorías.
Agregamos vinagre de manzana o de vino blanco. Yo preparo mi propio vinagre de manzana casero; en primer lugar, es saludable y, en segundo lugar, no es tan fuerte como el comprado. También puedes acidificar la mostaza con jugo de limón recién exprimido si por alguna razón no te conviene usar vinagre.
En un vaso alto de licuadora, vertemos agua hirviendo y añadimos los dátiles picados con los condimentos.
Con una licuadora de inmersión, trituramos los ingredientes líquidos hasta obtener una consistencia homogénea. Debería formarse una emulsión líquida sin trozos.
Colocamos la mostaza en polvo en un bol amplio. Enfriamos los ingredientes líquidos a una temperatura de 60-70 grados Celsius.
Poco a poco, vertemos los ingredientes líquidos sobre la mostaza en polvo, mezclando con una cuchara. ¡Si viertes agua muy caliente, la mostaza se llenará de grumos!
Mezclamos la mostaza a fondo para que no queden grumos ni restos de polvo en los bordes. En este punto, puedes ajustar la consistencia del condimento. Si te parece demasiado espeso, añade un poco más de agua caliente hervida. Si está muy líquido, agrega un poco más de mostaza en polvo.

Pasamos la mostaza lista a un frasco de vidrio seco, cerramos con tapa y dejamos reposar por 24 horas.
Pasamos la mostaza lista a un frasco de vidrio seco, cerramos bien la tapa y la dejamos reposar durante 24 horas para que los sabores se asienten. Al principio, la mostaza puede parecer insípida, con solo un ligero amargor. Su “potencia” se desarrolla gradualmente y necesita aproximadamente un día.
¡Y listo! Ya tienes tu propia mostaza casera, con un sabor y una personalidad que no encontrarás en ninguna tienda. Guárdala en un frasco hermético en el refrigerador y verás cómo se convierte en un imprescindible en tu cocina. Úsala para acompañar una tabla de quesos y embutidos, para darle un toque gourmet a un simple hot dog o como base para un aderezo de ensalada inolvidable. Espero que disfrutes de esta receta tanto como yo. ¡Buen provecho!










0 comentarios