El pastel al horno de requesón con calabacín y cebollín es una receta rápida ideal para el desayuno, especialmente oportuna durante la temporada de calabacines. Si usted es de las personas que de vez en cuando se ven 'invadidas' por una cosecha de calabacines y ya regaló frutos a todos sus conocidos, sabrá que nunca sobran las buenas ideas. Esta verdura posee una capacidad asombrosa para imitar diferentes texturas, absorbiendo los aromas de los ingredientes que la acompañan. En combinación con el tvorog (requesón granulado o queso cottage), crea una base jugosa, casi cremosa, que al hornearse se transforma en un apetitoso platillo dorado con brillantes destellos primaverales de color verde.

Este delicado pastel de requesón y calabacín resulta increíblemente jugoso y aromático gracias al cebollín fresco.
Ingredientes
- 200 g de tvorog (requesón o queso cottage)
- 300 g de calabacín (pelado y sin semillas)
- 50 g de cebollín verde
- 40 g de harina de trigo
- 1/3 de cucharadita de polvo para hornear
- 30 g de aceite vegetal
- 1 huevo
- Sal y pimienta al gusto
Instrucciones para preparar el pastel de requesón con calabacín y cebollín
Mezcle el tvorog (requesón granulado o queso cottage) con el huevo. En esta receta utilicé un requesón de grano entero; era mi primera vez preparándolo así y no imaginé que quedaría tan delicioso. Al final, los pequeños gránulos de queso se conservaron aquí y allá en la masa, lo cual le dio un toque fantástico.

El uso de requesón granulado aporta una textura única con pequeñas incrustaciones de queso en el platillo final.
Pele los calabacines y retire las semillas junto con la membrana central. Ralle la pulpa en un rallador grueso de verduras. Agregue el calabacín rallado a la mezcla de huevo y requesón, sazone con sal al gusto y revuelva. En este punto, los calabacines soltarán agua por efecto de la sal y la masa se volverá más líquida. Por cierto, en invierno puede preparar este platillo con zucchinis; no es necesario pelarlos, ya que su piel es fina y apenas tienen semillas.

Al agregar la sal, el calabacín comenzará a soltar jugo, haciendo que la mezcla sea más líquida y fácil de integrar.
Corte los tallos de cebollín verde a lo largo y enjuáguelos bajo el chorro de agua. Pique el cebollín finamente, incorpórelo a la masa y vierta un aceite vegetal sin olor. Reserve un poco de aceite para engrasar el sartén.
Mezcle la harina de trigo con el polvo para hornear. Incorpore la harina a los ingredientes líquidos. Si lo prefiere, puede sustituir el polvo para hornear por 1/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio, que debe añadir a la harina, y sumar 1 cucharadita de vinagre de manzana a los líquidos. Durante el horneado, el bicarbonato y el vinagre harán que la masa quede esponjosa.

Mezcle bien la harina con el polvo para hornear antes de añadirla para asegurar que la masa suba de forma pareja.
Mezcle la masa rápidamente y déjela reposar por 10 minutos en el refrigerador. La masa quedará espesa, ya que la harina absorbe perfectamente la humedad que soltó el calabacín.

Deje reposar la masa en el refrigerador durante 10 minutos para que la harina absorba el exceso de humedad del calabacín.
Engrase con aceite un sartén de hierro fundido o un molde apto para horno de paredes gruesas, y vierta la masa. El grosor de las paredes y el fondo del molde es clave en esta receta, ya que la masa a base de requesón tiende a pegarse con facilidad.

Un sartén de hierro fundido es ideal para hornear masas con requesón, ya que garantiza una distribución uniforme del calor.
Precaliente el horno a 180 grados Celsius. Coloque el sartén con el pastel en la rejilla central y hornee entre 20 y 25 minutos. El tiempo exacto dependerá del tamaño del sartén, el grosor de la capa de masa y las características de su estufa. Presione suavemente el centro del pastel con el dedo: si se siente firme y elástico, ya está listo.

Puede verificar la cocción presionando el centro: el pastel debe sentirse elástico y tener un tono ligeramente dorado.
Corte el pastel de requesón y calabacín en porciones. Sírvalo acompañado de smetana (crema agria) o una fresca salsa de yogur con eneldo.

Corte el pastel directamente en el molde después de dejarlo enfriar un poco para que las porciones mantengan su forma.
Este pastel de requesón con calabacín y cebollín revela todo su sabor cuando se sirve tibio, mientras la corteza aún cruje ligeramente y el centro se mantiene suave. Para darle una presentación digna de restaurante, prepare una salsa rápida: mezcle un yogur espeso con eneldo finamente picado, unas gotas de jugo de limón y un diente de ajo. Este aderezo resaltará a la perfección la frescura del calabacín y las notas cremosas del requesón. Si le sobra pastel para el día siguiente, notará que conserva muy bien su estructura; puede calentarlo rápidamente o disfrutarlo frío como un excelente refrigerio.
Si le gusta experimentar, puede añadir un poco de queso maduro rallado a la masa o una pizca de nuez moscada, lo que le aportará al platillo un aroma más profundo y especiado. Si utiliza calabacines maduros, asegúrese de retirar la piel dura y las semillas grandes; sin embargo, si tiene calabacines tiernos, puede rallarlos enteros, lo que le dará al pastel un hermoso tono esmeralda. El principal secreto del éxito aquí es utilizar un molde robusto de paredes gruesas, que evitará que la delicada masa de requesón se queme por debajo antes de cocerse por dentro.

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