Los scones de manzana son una legendaria receta británica, famosa por su sencillez y rapidez de preparación. La tradición de servir estos panecillos sin levadura con el té de la tarde nació en Escocia en el siglo XVI, y desde entonces se han convertido en un símbolo de calidez hogareña. A diferencia del pan clásico, los scones no requieren largos tiempos de reposo o fermentación, ya que su esponjosidad se logra gracias al polvo para hornear, que reacciona directamente dentro del horno. La combinación de una masa suave y rica en mantequilla con las jugosas frutas de huerto hace de los scones de manzana un manjar versátil que llena toda la cocina con un irresistible aroma a fruta madura y pan recién horneado.
Ingredientes
- 230 g de manzanas
- 70 g de mantequilla
- 1 huevo
- 45 g de azúcar
- 35 g de leche
- 220 g de harina de trigo
- 1 cucharadita de polvo para hornear
- azúcar glas
- canela en polvo
Cómo preparar scones de manzana
Todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente: saque con anticipación del refrigerador el huevo, la mantequilla y la leche para que se templen. Corte la mantequilla ablandada en cubos y agregue el azúcar. Bata la mantequilla con el azúcar usando un batidor de globo hasta que la mezcla aclare, esto le tomará solo unos minutos.
Incorpore el huevo a la mezcla de mantequilla y azúcar, mezcle todo muy bien nuevamente y vierta la leche. Si lo prefiere, puede sustituir la leche por agua o jugo de frutas.

Agregue el huevo y la leche. Mezclar vigorosamente en este paso garantizará la suavidad de sus scones.
En un recipiente aparte, mezcle la harina de trigo con el polvo para hornear. Incorpore estos ingredientes secos a la mezcla líquida. Si lo desea, puede añadir un toque de extracto de vainilla o azúcar avainillado para dar más aroma al pan.

Combine la harina con el polvo para hornear e intégrela a los líquidos. Puede añadir vainilla para perfumar.
Mezcle la masa rápidamente; notará que su consistencia es bastante pegajosa, y así es exactamente como debe quedar. Este tipo de masa nunca debe amasarse en exceso, ya que de lo contrario el resultado final será una textura dura.
Lave muy bien las manzanas y retire el corazón. Córtelas en rodajas pequeñas y agréguelas a la masa. Puede dejarles la cáscara si lo prefiere, esto queda a criterio del cocinero.

Incorpore las rodajas de manzana fresca. Puede conservar la cáscara para aportar más textura y color.
Mezcle bien la masa para distribuir las manzanas. Engrase sus manos con un poco de aceite vegetal. Forme pequeñas bolitas de forma irregular que pesen entre 50 y 60 gramos. Coloque azúcar glas en un plato, cubra los scones con él y acomódelos en una bandeja forrada con papel encerado o siliconado para hornear. Deje suficiente espacio entre cada pancito, ya que crecerán durante el horneado.

Forme pequeñas bolitas, cúbralas con azúcar glas y colóquelas en la bandeja dejando espacio entre ellas.
Precaliente el horno a 180 grados Celsius. Introduzca la bandeja y hornee entre 18 y 20 minutos. El tiempo exacto de cocción dependerá de las características de su horno y podría variar ligeramente. Si utiliza un horno de gas, le sugiero colocar una placa de cerámica sobre la rejilla y poner la bandeja encima de ella; de esta manera, el calor se distribuirá de forma uniforme y sus scones no se quemarán por debajo.

Hornee a 180 grados Celsius durante aproximadamente 20 minutos hasta que adquieran un apetitoso tono dorado.
Retire la bandeja del horno y, mientras los scones aún están calientes, espolvoréelos con canela en polvo. Sírvalos tibios para el desayuno, acompañados de su taza favorita de café o té. Con un vaso de leche también son deliciosos. ¡Buen provecho!

Espolvoree los scones aún calientes con canela. Este toque especiado hará que su horneado sea realmente acogedor.
Los scones de manzana se disfrutan mucho más cuando se sirven tibios, ya que es el momento en que el aroma de la canela se despliega con mayor intensidad. Para enriquecer aún más la experiencia, acompáñelos con una cucharada de crema agria espesa, crema batida o mantequilla salada casera. Como cobertura, en lugar de azúcar glas, puede utilizar una mezcla de azúcar mascabado con jengibre en polvo o coco rallado; esto creará una costra acaramelada muy apetitosa. Si tiene ganas de experimentar, intente sustituir una parte de la harina de trigo por harina de avena para darle a su pan un toque más rústico y denso. Si le sobran algunos scones después del desayuno, guárdelos en un recipiente hermético para evitar que se resequen. Al día siguiente, bastará con calentarlos un par de minutos en el horno o en un hornito tostador para que vuelvan a estar tan suaves como recién salidos del horno. Además, estos panecillos se congelan maravillosamente: simplemente envuelva cada scone en plástico adherente y sáquelo conforme lo vaya necesitando, convirtiendo cualquier mañana común en un pequeño festival gastronómico.



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