Cuando la temporada de calabacines está en su apogeo, buscamos nuevas y deliciosas formas de disfrutar de esta versátil verdura. Esta sopa de calabacín con albóndigas es la respuesta perfecta: un plato reconfortante, completo y lleno de sabor casero. Inspirada en las cocinas de Europa del Este, esta receta combina la suavidad del calabacín con la contundencia de unas jugosas albóndigas de res, todo ello en un caldo rico y aromático. Es una comida completa en un solo plato, ideal para un almuerzo familiar o una cena acogedora. ¡Prepárate para descubrir tu nueva sopa favorita!
Ingredientes para la sopa de calabacín con albóndigas
- 200 g de carne de res molida
- 300 g de calabacín pelado
- 250 g de papas
- 50 g de cebolla
- 100 g de zanahoria
- 200 g de tomates
- un manojo pequeño de perejil
- 2-3 cucharadas de harina de trigo
- 1 l de caldo de carne o de pollo
- aceite vegetal para freír
- sal y pimienta
Modo de preparación de la sopa de calabacín con albóndigas
Pelamos el calabacín. Lo cortamos a lo largo y, con una cuchara, retiramos las semillas y la parte fibrosa que las rodea. Cortamos la pulpa en cubos de aproximadamente un centímetro y medio. En una bolsa, ponemos la harina de trigo. Añadimos los cubos de calabacín. Cerramos la bolsa y la agitamos bien para que la harina cubra las verduras de manera uniforme.
Pasamos la pulpa de res por una picadora de carne. Añadimos a la carne molida 3 cucharadas de agua helada, salpimentamos al gusto. Mezclamos muy bien la carne. Con las manos húmedas, formamos pequeñas albóndigas. Colocamos las albóndigas en una tabla y las guardamos en el refrigerador.
Picamos finamente la cebolla. En una cacerola ancha, vertemos aceite vegetal. En el aceite caliente, añadimos la cebolla picada. Sofreímos a fuego medio durante 5 minutos.
Pelamos las papas y las cortamos en bastones gruesos o en cubos. Añadimos las papas a la cebolla. Sofreímos las verduras hasta que estén doradas, removiendo para que no se quemen.
Raspamos la zanahoria. Rallamos la zanahoria pelada con un rallador grueso. La añadimos a las papas y la cebolla, y continuamos sofriendo las verduras por otros 5 minutos.
Por separado, en una sartén grande, freímos los calabacines enharinados hasta que estén dorados. Los freímos en aceite vegetal refinado sin olor.
Con una espumadera, pasamos los calabacines a la cacerola, para que solo se transfieran las verduras sin el aceite en el que se cocinaron.
Cortamos los tomates rojos maduros. Retiramos la parte dura del tallo. Trituramos los tomates con una licuadora hasta obtener una consistencia homogénea. Añadimos el puré de tomate a la cacerola con el resto de las verduras.
Vertemos el caldo de carne o de pollo. Calentamos hasta que hierva. Sazonamos con sal al gusto. Cocinamos a fuego bajo durante 20 minutos, tapando la cacerola.
Pasados los 20 minutos, añadimos las albóndigas de res a la sopa. Volvemos a tapar y cocinamos por otros 20 minutos.
Un par de minutos antes de que esté lista, sazonamos la sopa con perejil finamente picado. Opcionalmente, podemos añadir un poco de pimentón dulce molido o una pizca de chile picante.
Servimos la sopa de calabacín con albóndigas en platos. La aderezamos con smetana (una crema agria espesa de Europa del Este) y pimienta negra recién molida. La servimos caliente o tibia. ¡Buen provecho!
¡Y ahí la tienes! Una sopa de calabacín con albóndigas que no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma. La clave de su encanto está en la combinación de texturas y sabores: la cremosidad que aporta el calabacín, la riqueza de las verduras y la jugosidad de las albóndigas. No olvides el toque final de smetana o crema agria, que le da un punto de acidez delicioso y auténtico. Sírvela bien caliente con una rebanada de pan crujiente para no dejar ni una gota en el plato. Esta sopa se conserva muy bien en el refrigerador por un par de días, ¡y su sabor incluso se intensifica! Esperamos que disfrutes de este plato tanto como nosotros. ¡Buen provecho!













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