Hola TereGymRat,
Entiendo tu preocupación por no querer desperdiciar tu proteína, pero en temas de seguridad alimentaria, es crucial ser extremadamente precavido.
Tu abuela tiene mucha razón en este caso: si el pollo huele "medio raro" o "fuerte", es una señal inequívoca de que ha comenzado el proceso de descomposición bacteriana. Aunque visualmente parezca estar bien o la textura no haya cambiado drásticamente, las bacterias patógenas que pueden causar enfermedades transmitidas por alimentos ya podrían estar presentes y multiplicándose.
Aquí te explico algunos puntos importantes:
- Olor: El olor agrio, amoniacal o putrefacto es el principal indicador de que el pollo está en mal estado. Incluso un olor ligeramente "raro" es suficiente para descartarlo.
- Bacterias: Algunas bacterias que causan enfermedades (como la Salmonella o Campylobacter) no alteran necesariamente el olor o la apariencia de los alimentos. Sin embargo, cuando hay un olor fuerte, es casi seguro que hay una carga bacteriana significativa que incluye tanto las que descomponen como las patógenas.
- Cocción no elimina todas las toxinas: Aunque cocinar el pollo a una temperatura adecuada mataría las bacterias, algunas toxinas producidas por ellas son termorresistentes y pueden permanecer en el alimento, causando igualmente malestar o enfermedades.
Mi recomendación profesional es que, por tu salud y seguridad, tires ese pollo. No vale la pena arriesgarte a una intoxicación alimentaria por un trozo de proteína. Es mejor prevenir que lamentar y tener que lidiar con problemas gastrointestinales.
Para evitar esto en el futuro, asegúrate de almacenar el pollo crudo en la parte más fría de tu refrigerador (generalmente la parte inferior para evitar goteos en otros alimentos), y consumirlo dentro de 1-2 días después de la compra, o congelarlo si no lo vas a usar pronto.