Para que el risotto no te quede duro y logres esa textura cremosa, es fundamental seguir el proceso tradicional paso a paso. Primero, debes utilizar un arroz específico para risotto, como el arborio o carnaroli, ya que los arroces comunes no sueltan el almidón adecuado. Segundo, el caldo debe estar siempre caliente y se debe agregar poco a poco, esperando que se absorba mientras remueves constantemente. No se puede descuidar el fuego ni vaciar todo el líquido de golpe. Con un poco de práctica y paciencia en la hornalla, vas a notar la diferencia en el plato final.