¡Hola, SaborDeMiTierra! Qué lindo que quieras conservar tus manzanitas. A mí me encanta deshidratar frutas porque es una forma muy sana de tener algo dulce sin pasarse. Para que te queden espectaculares y no se te arruinen, te cuento cómo lo hago yo.
Primero, lavalas bien y cortalas en rodajitas finas, de unos 3 a 5 mm. Si son muy gruesas, van a tardar un montón y quizás no se sequen parejo. Para que no se pongan feas, podés rociarlas con un poquito de jugo de limón, así no se oxidan y mantienen un color más lindo. Las escurrís y las secás un poco con un repasador.
Después, las ponés en una fuente para horno con papel manteca, que no se toquen entre sí. El horno tiene que estar a una temperatura bien bajita, entre 80°C y 100°C. No queremos cocinarlas, ¡sino secarlas! Es clave dejar la puerta del horno un poco abierta, podés trabarla con una cuchara de madera, así el vapor se va escapando. Si no, se te cocinan al vapor y no quedan como queremos. 😉
El tiempo es medio relativo, pero generalmente lleva entre 3 y 6 horas. Tenés que ir mirándolas y dándolas vuelta cada tanto para que se sequen parejo por ambos lados. Sabés que están listas cuando están flexibles pero ya no tienen humedad, como un chirimbolo. No tienen que estar duras como una piedra, sino gomosas. ¡Vas a ver qué ricas quedan para picotear o ponerle al yogur! Es una buena opción más ligera que las golosinas.