La rancidez en las nueces es un claro indicativo de oxidación lipídica, un proceso de deterioro que transforma los ácidos grasos insaturados presentes en los frutos secos. Este proceso no solo altera el sabor, volviéndolo desagradable, sino que también produce compuestos que pueden ser perjudiciales para la salud.
Consumir nueces rancias es desaconsejable. Los productos de la oxidación, como los radicales libres, pueden contribuir al estrés oxidativo en el organismo. Siempre es mejor descartar los alimentos que presenten este tipo de deterioro para evitar posibles riesgos. La conservación adecuada en un lugar fresco, oscuro y hermético es crucial para prolongar su vida útil.