Ay, te entiendo perfectamente! Una vez me pasó con unos ponqués que quería hacer para una reunión familiar, y no había forma de que subieran, ¡quedaron como discos duros y aplastados! Qué vergüenza! Y claro, una recuerda esos de la abuela, que eran una nube. A mí me ha funcionado mucho revisar la fecha del polvo para hornear, a veces lo tenemos olvidado en la despensa y ya no tiene fuerza. También es clave no mezclar demasiado la masa; con que no veas harina suelta, es suficiente, ¡los grumos no importan! Y el horno, siempre, siempre, precalentado a la temperatura correcta. Esos pequeños detalles hacen una diferencia enorme, ¡ya verás como te quedan perfectos la próxima vez!