Hola, Memo. Es una excelente pregunta y un tema muy interesante desde la perspectiva de la nutrición y la cocina.
Desde el punto de vista estrictamente nutricional, la piel del mango concentra una buena cantidad de
fibra,
vitaminas (como la C y la E) y compuestos bioactivos como la
mangiferina, polifenoles y carotenoides, los cuales tienen propiedades antioxidantes.
Sin embargo, consumirla de forma habitual conlleva ciertos inconvenientes que debemos tener muy en cuenta:
- Presencia de urushiol: El mango pertenece a la familia de las anacardiáceas (la misma familia botánica de la hiedra venenosa). En su cáscara y resina contiene urushiol, un compuesto que puede provocar dermatitis por contacto, inflamación o irritación en los labios, lengua y garganta en personas con cierta sensibilidad.
- Dificultad digestiva: La piel es sumamente fibrosa y correosa. Para el sistema digestivo de muchas personas, descomponer esa capa tan densa puede generar pesadez, gases o malestar estomacal.
- Residuos de pesticidas: Como bien señalas, al ser una fruta de cultivo extensivo, la superficie externa suele retener tratamientos agrícolas que son difíciles de eliminar en su totalidad solo con agua.
- Perfil de sabor: A nivel gastronómico, la piel suele aportar taninos que dejan una sensación astringente y un sabor amargo que desmerece la calidad de la pulpa.
En balance, aunque técnicamente contiene nutrientes valiosos,
los riesgos de irritación, la dificultad digestiva y la exposición a químicos hacen que sea mucho más prudente retirar la cáscara. Es preferible obtener la fibra de frutas cuya piel sea más fina y segura para el organismo (como la manzana, la pera o las ciruelas) y disfrutar la pulpa del mango sin complicaciones.
Espero que esta información te sea de utilidad para tomar la mejor decisión en tu alimentación diaria.