Para no desperdiciar nada de comida en casa, yo suelo guardar el arroz que sobra en la heladera y lo recaliento en una ollita chica. El truco está en poner el fuego bien bajo, agregarle dos cucharadas soperas de agua o un chorrito de caldo y tapar la olla para que el vapor haga todo el trabajo durante cuatro o cinco minutos. Queda suelto y con buena textura, casi como recién hecho. Lo que no hay que hacer bajo ningún punto de vista es meterlo al horno común sin tapar porque se convierte en una piedra y terminás tirando la comida, ni tampoco echarlo en agua hirviendo porque se pasa y se vuelve una pasta incomible.