¡Ay, cómo me recuerda a los domingos de antes cuando comíamos todos juntos en la mesa grande! El pollo a la brasa suele perder toda su jugosidad en dos momentos muy concretos... Primero, durante la cocción si te pasas de tiempo, ya que el calor excesivo hace que la carne se apriete y bote toda su humedad... ¡y segundo, cuando lo cortas de inmediato recién sacado del fuego! Si lo picas al instante, todos los jugos se escapan en la tabla y queda sequísimo... Lo ideal es dejarlo reposar tapado unos diez minutos antes de servirlo para que absorba sus propios jugos, ¡y si puedes déjalo antes en agua con sal unas horas para asegurar que quede bien tierno y delicioso!