Hola, Carmen Elena. Es un gusto saludarte. Antes que nada, no temas arruinar tu sartén; el hierro fundido es uno de los materiales más nobles y duraderos de la cocina, prácticamente indestructible.
Para curarla por primera vez de forma homogénea y segura, el
método del horno es el más recomendable, ya que distribuye el calor de manera uniforme por toda la pieza (incluidos el mango y la base exterior), creando una polimerización estable.
Te comparto el paso a paso detallado para lograrlo sin complicaciones:
- Lavado y secado inicial: Lava la sartén con agua tibia y una gota de jabón suave para retirar cualquier residuo de fábrica. Sécala de inmediato con un paño y luego colócala 2 minutos sobre la hornilla a fuego bajo para asegurarte de que no quede una sola gota de humedad.
- Aplicación de grasa: Vierte apenas media cucharadita de aceite de cocina con alto punto de humo (aceite de canola, girasol o maíz). Con una servilleta de papel, unta toda la superficie, tanto por dentro como por fuera y el mango.
- El secreto del secado: Con una toalla de papel totalmente limpia y seca, retira todo el aceite posible, como si intentaras limpiarla por completo. La capa de grasa debe ser microscópica; si dejas exceso, la sartén quedará pegajosa o manchada.
- Horneado: Precalienta el horno a unos 200 °C - 220 °C. Coloca la sartén boca abajo en la rejilla central (puedes poner una bandeja o papel aluminio en la rejilla inferior para recoger cualquier posible goteo) y déjala hornear durante 1 hora.
- Enfriamiento: Apaga el horno y deja que la sartén se enfríe completamente dentro de él sin abrir la puerta.
Con este proceso quedará perfectamente sellada y lista para su uso diario. Conforme sigas cocinando en ella, la capa antiadherente natural se irá haciendo cada vez más resistente.