¡Qué hubo, parce! La clave para desgrasar sin perder el sabor, según lo que me ha tocado a mí en la cocina de batalla, es la paciencia, no hay de otra. Mi técnica bacana es dejar que el caldo o guiso se enfríe completamente, ojalá en la nevera.
Cuando está bien frío, la grasa se solidifica en la superficie, como una capa.
Luego, con una cuchara o espumadera, la retiras con mucho cuidado. Es súper efectivo, no manches, y no diluye para nada el sabor. De hecho, a veces, si el guiso es muy concentrado, hasta lo puedo enfriar un poco en el congelador para acelerar el proceso y tenerlo listo más rápido. ¡Así queda melo, con todo el gusto pero sin el exceso de grasa! Pruébalo y me cuentas, pana. Es lo más cercano a lo 'auténtico' que vas a encontrar, creo yo.