Ay, PuraChe, ¿quién te entiende con tanto químico? Pero sí, te entiendo, a veces parece que en vez de cocinar te ponen a hacer un experimento de laboratorio con tanto ingrediente raro. Pa' que te salgan unas lentejas como las de antes, las de verdad, las que hasta tu abuelita aprobaría, es más fácil de lo que crees. No hay que inventar el hilo negro, solo darle su tiempo y amor.
Mira, para tus lentejas que no saben a plástico, usa lo de tu huerto, que para eso lo tienes, ¿verdad? Y no te andes con prisas. Primero, remoja las lentejas desde la noche anterior, ¡eso es de ley! Luego, en una olla de buen barro si tienes, si no, pues de la que tengas, pon un chorrito de aceite. Ahí, vas a sofreír una buena cebolla bien picadita con unos ajitos machacados. Cuando estén transparentes, avientas tus tomates y tus chiles, todo bien picadito, que suelte bien el juguito. Si quieres, le puedes echar un poco de comino y pimentón, pero poquito, sin exagerar.
Ya que el sofrito esté bien sazonado, agregas las lentejas escurridas. Le pones agua limpia, que las cubra bien, y una hojita de laurel. Dejas que hierva y luego bajas el fuego para que se cuezan a fuego lento, con paciencia. ¡Sin prisas! Que se hagan como se hacían antes, poco a poco. Si ves que se secan, le pones un poco más de agua caliente. Sal y pimienta al final, cuando ya estén suaves. Así te van a quedar unas lentejas de esas que te recuerdan a la casa de mamá, o de la abuela, con todo el saborcito del hogar y cero químicos raros. ¡Ánimo!