Para lograr esa textura el procedimiento correcto consta de tres pasos. Primero, hervir la yuca pelada en agua con sal hasta que esté blanda al pinchar con un tenedor. Segundo, escurrirla y raspar la superficie ligeramente para crear bordes rugosos, dejándola enfriar por completo. Tercero, freír en abundante aceite a temperatura alta durante cuatro o cinco minutos hasta dorar.