Para preparar el jugo del almuerzo en la casa sin tantas complicaciones modernas, la costumbre siempre ha sido partir la fruta en trozos pequeños y pasarla un momento por la licuadora con un poco de agua antes de vaciarla del todo. Mi abuela siempre decía que así rinde más el fruto, aunque luego toque colar con paciencia para retirar los pedazos duros de la cáscara que se sueltan.