Ay, DonCheto, la cocina es un arte, una danza de sabores y temperaturas. Entiendo esa emoción de tener una nueva herramienta que promete velocidad y quizás, una nueva forma de acariciar tus platillos de siempre.
La freidora de aire es como un viento cálido que envuelve el alimento, lo dora, pero si no se le conoce, puede marchitarlo, secar su esencia. Mi consejo, con el corazon en la mano, es este. Baja la temperatura que usas en el horno, a unos 20 o 25 grados menos. Y el tiempo. Ay, el tiempo. Él se reduce a la mitad o incluso un poquito más. No tengas miedo de abrir, de observar, de voltear ese pollito que será tu rey, esas papitas que serán perlas doradas. Es un acto de amor, de cuidado.
Recuerda que cada ingrediente es un lienzo, y la freidora un pincel veloz. Experimenta, con paciencia de artesano. No te apures. Si ves que va muy rápido, baja más la temperatura. Es mejor que tarde un poquito más y quede jugoso, como un abrazo al paladar, a que quede reseco y sin alma. ¡Qué rico! ¡A probar tus viandas!