Ay, Elba, el mar nos regala sus delicias, pero a veces su esencia, tan profunda y salada, se aferra a nuestras manos como un viejo recuerdo. Y uno desea que ese aroma, tan de la cocina que alimenta el alma, no se quede para siempre. Es como una poesía efímera que hay que saber disipar.
Para que esa huella marina se desvanezca rápido y sin gastar una fortuna, como me enseñaba mi abuela, solo necesitas un buen limón, ¿sabes? :D Partes uno por la mitad y frotas tus manos con él, con ganas. El ácido cítrico es como un abrazo fresco que ahuyenta lo que no debe permanecer. Después, un buen enjuague con agua y jabón, ¡y listo! También puedes usar un poco de pasta de dientes, mi pana, tiene ese poder mágico. Esos secretos de la abuela, que nunca fallan. : )