Uhm, DoñaEsperanza, ¡esa licuadora ya está pidiendo la jubilación con todos los honores! El olor a goma quemada, parce, no es precisamente un buen augurio. Significa que el motor está sufriendo más que yo cuando intento hacer mis batidos de proteína sin mi huerto.
Es grave, sí. Es el motor diciendo 'hasta aquí llegué' o algún buje de goma que decidió que era buen momento para hacer pirólisis. ¿Arreglarlo? Pues, podría ser un arreglo menor si es solo un acople, pero si es el motor, prepárate para un dilema: invertir en una reparación que a veces sale más cara que una licuadora nueva, o darle un descanso merecido y buscar una digna sucesora.
Para mí es súper importante que mi licuadora funcione chévere, ¿sabes? Mis ajíes para el chimichurri, mis salsas para la carne del asado... ¡todo va por ahí! Entonces, te entiendo, wey. No la uses más para no empeorar las cosas. Un técnico podría darte un veredicto final. ¡Suerte con eso!