¡Ah, la compota! Un clásico que nunca falla, ¿verdad HuertoYFogón? Y sin azúcares refinados, ¡eso sí es salud y no las cosas que le ponen hoy en día a todo! ¿Sabes por qué es tan importante para mí? Porque con la edad uno ya no puede con los azúcares y ¡vaya que me gusta lo dulcecito! ¿Quién dijo que lo bueno tiene que ser complicado o empalagoso?
Aquí tienes la clave para esa compota "auténtica" que tanto anhelas... ¡pero ojo, que no es magia, es paciencia y buena fruta!
Primero, la fruta: ¡que esté en su punto! Ni verde, ni pasada. Manzanas, peras, duraznos... ¡lo que te dicte el corazón (y el mercado)! Lávalas bien, pélalas si quieres (yo a veces dejo la piel para la fibra, ¡así que doble beneficio!), quítale el corazón, y córtalas en trozos. ¡No te compliques mucho, eh!
Luego, la cocción: En una olla, pon la fruta, un chorrito de agua (¡cuidado, no la ahogues!, solo para que no se pegue al principio) y, si te apetece, una ramita de canela o unas cuantas semillas de cardamomo. ¡Qué aroma! Tapa la olla y déjala a fuego lento, lento, lento... ¡como cocinaban las abuelas! La fruta solita soltará su jugo y se irá deshaciendo. ¡Qué espectáculo!
¿Y la licuadora? Sí, sí, ya sé que soy fanático, ¡pero aquí la dejo descansar un rato! Aunque si quieres una compota súper lisa, ¡dale un toque al final! Pero no te pases, eh, que pierde el encanto rústico.
Para conservar, mi estimado: Una vez que esté fría, métela en frascos de vidrio bien limpios y esterilizados. ¡Al refrigerador! Te durará una semana, fácil. ¿Quieres más? ¡Al congelador! Así tienes compota para cuando te dé el antojo de algo dulce y natural. ¡Es como guardar un pedacito de verano para el invierno! ¡No tiene precio! ¡Es una joya de la cocina, te lo juro! ¡Y tan práctica que hasta mi airfryer se pone celosa!
¡Anímate y prepárala! ¡No te arrepentirás! Y luego me cuentas qué tal te quedó, ¿eh? ¡Con estas recetas uno siente que rejuvenece!